
2 de febrero de 2026 //
Receta de Tiramisú Italiano Casero
Ay, el tiramisú… La primera vez que lo probé fue en Italia, en un viaje que hicimos con unos amigos. Estábamos en Treviso, una ciudad pequeña cerca de Venecia, y un camarero nos recomendó que probáramos el postre de la casa. "Es el original", nos dijo con esa seguridad que tienen los italianos cuando hablan de su comida. Cuando llegó aquella copa con la crema pálida, el polvo de cacao por encima, y le clavé la cuchara… madre mía. No supe explicar lo que sentí. Era suave, era cremoso, tenía ese puntito amargo del café y ese dulzor que no empalaga. Pedí otro.
Resulta que esto del tiramisú nació allí mismo, en Treviso, en los años sesenta. Dicen que una pastelera llamada Ada Campeol lo inventó para el restaurante de su familia, y que lo llamaron así porque era tan energético que te levantaba hasta el ánimo. "Tiramisú", que viene a decir "levántame". Y vaya si levanta. Con café, con huevo, con mascarpone, con esos bizcochos que se empapan… es un postre que te alegra la tarde.
Lo que tiene de bueno es que no necesita horno. Con unos pocos ingredientes, con un poco de maña, tienes un postre que parece de pastelería pero se hace en casa. Lo que más me costó aprender fue el punto de los huevos, que no se corten, que la crema quede firme pero ligera. Y el café, que no sea demasiado fuerte, que luego el bizcocho amarga. Pero después de unas cuantas pruebas, le cogí el truco.
Ahora, cuando vienen los nietos, muchas veces me lo piden. "Abuelo, el tiramisú ese que te quedó tan bueno", me dicen. Y yo, encantado, preparo el café, bato los huevos, y ellos se sientan a ver cómo lo hago, preguntando cuándo van a poder chupar la cuchara.
Tiramisú Receta Original (6-8 personas)
Comensales
6 - 8 raciones
Preparación
30m
Cocinado
4h
Tiempo Total
4h 30m
Utensilios
Ingredientes
Instrucciones
1
Preparar el café
Prepara un café espresso fuerte (puedes usar una cafetera moka o una cafetera italiana) y déjalo enfriar completamente a temperatura ambiente. Si usas licor, mézclalo con el café una vez frío.
2
Preparar la crema de mascarpone (el corazón del tiramisú)
En un bol grande, bate las yemas de huevo con el azúcar hasta que la mezcla esté espumosa, pálida y haya doblado su volumen. Es importante que el azúcar se disuelva por completo y no se note el granillo.
Añade el queso mascarpone (a temperatura ambiente, para que se integre mejor) y mezcla con suavidad, con movimientos envolventes, hasta obtener una crema homogénea y sin grumos.
3
Montar las claras
En otro bol (limpio y seco, sin restos de grasa), monta las claras de huevo con una pizca de sal a punto de nieve firme. Deben quedar brillantes y formar picos cuando levantes las varillas.
4
Unir las mezclas (el secreto de la textura)
Con una espátula de silicona, añade un tercio de las claras montadas a la crema de mascarpone y mezcla con movimientos envolventes y suaves para no perder el aire.
Incorpora el resto de las claras de la misma manera, poco a poco, hasta obtener una crema ligera, esponjosa y homogénea.
5
Montaje
Moja los bizcochos en el café frío uno a uno, durante 1-2 segundos por cada lado. Deben quedar húmedos pero no empapados, para que no se deshagan .
Coloca una capa de bizcochos mojados en el fondo del molde, cubriendo toda la superficie (puedes partirlos si es necesario).
Extiende sobre ellos la mitad de la crema de mascarpone.
Repite el proceso con otra capa de bizcochos mojados y otra capa de la crema restante.
Alisa la superficie con una espátula.
6
Reposo y presentación final
Cubre el molde con film transparente y refrigera durante un mínimo de 4-6 horas, aunque lo ideal es dejarlo toda la noche (8-12 horas). Este reposo es crucial para que los sabores se asienten y el bizcocho adquiera la textura perfecta.
Justo antes de servir, espolvorea la superficie con una capa generosa de cacao puro en polvo tamizado para evitar grumos.
Consejos Clave
La calidad de los ingredientes es fundamental. Utiliza siempre queso mascarpone auténtico, no lo sustituyas por queso crema normal . Los bizcochos deben ser savoiardi italianos, que son más secos y esponjosos que otros tipos, ideales para absorber el café sin deshacerse. El café debe ser espresso de calidad y recién hecho; nada de café soluble o del día anterior.
La temperatura de los ingredientes importa. Saca el mascarpone y los huevos de la nevera al menos 30 minutos antes de empezar. El mascarpone frío se apelmaza y es difícil de integrar, mientras que las claras a temperatura ambiente montan mucho mejor.
Blanquea bien las yemas y monta las claras a punto de nieve firme. Bate las yemas con el azúcar hasta que la mezcla esté muy clara, esponjosa y el azúcar completamente disuelto; si notas granillo, sigue batiendo. Las claras deben quedar firmes, brillantes y formar picos al levantar las varillas. Si están líquidas, la crema no tendrá cuerpo.
Controla el punto de los bizcochos al mojarlos. Este es el error más común. Mójalos muy rápidamente (1-2 segundos por lado). Si los dejas más tiempo, se empaparán, se romperán y terminarás con una lasaña de galleta en lugar de un postre cremoso.
La paciencia en el reposo es la clave del éxito. El tiramisú necesita reposar en frío. No lo sirvas recién hecho. Un mínimo de 4-6 horas es obligatorio, pero lo ideal es de 12 a 24 horas. Así los sabores se integran, los bizcochos se ablandan a la perfección y el postre adquiere su textura característica.
El cacao, siempre en el último momento. Espolvorea el cacao en polvo justo antes de servir. Si lo pones con mucha antelación, la humedad de la nevera lo humedecerá y perderá color y sabor.
Pues con esto, ya tenéis un tiramisú como el que probé aquel día en Treviso. Un consejo que me dio aquel camarero y que nunca olvido: el secreto está en la calidad de los ingredientes. El mascarpone que sea bueno, que no se note que es de esos que saben a plástico. Los huevos, frescos, de esos de yema bien naranja. El café, recién hecho, que le dé ese aroma a torrefacto que tanto nos gusta.
Otra cosa que aprendí con los años es que no hay que pasarse con el café. Si empapas mucho los bizcochos, luego la crema se desliza y parece una sopa. Un segundo por cada lado, justo para que se impregnen sin deshacerse.
Y el cacao, que sea de verdad, no esa cosa marrón que venden en los botes. Un buen cacao amargo, que contraste con la dulzura de la crema. Eso sí, que no te dé por espolvorearlo antes de tiempo, que si no, se humedece y pierde ese polvo tan bonito que tiene cuando lo sirves.
Ahora contadme, ¿os animasteis a hacerlo? ¿Conseguisteis que la crema quedara firme o se os cortó? Yo la primera vez batí demasiado y se me hizo una sopa, pero luego aprendí que hay que tener mano suave. ¿Le echasteis un chorrito de licor o lo dejasteis solo con café? En casa a veces le pongo un poco de amaretto, que le da un gusto muy rico.
Dejadme un comentario, contadme vuestra experiencia, vuestros trucos, vuestras fotos si queréis. Y si la receta os gustó, pasádsela a quien creáis que merece un "levántame" en forma de postre.
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