
18 de abril de 2026 //
Receta de Tarta de queso sin horno
Llevo toda la vida haciendo tartas de queso al horno, esas que se doran por fuera y quedan temblorosas por dentro. Pero un verano, con la cocina hecha un horno, mi nieta pequeña me pidió una tarta de queso para su cumpleaños. "Abuelo, no enciendas el horno que nos morimos de calor", me dijo. Así que me puse a investigar y descubrí este mundo de las tartas de queso frías, sin horno, que se cuajan en la nevera con gelatina o nata montada. La primera vez que la hice, dudaba de que quedara firme, pero al día siguiente, cuando la desmoldé y vi esa textura cremosa y uniforme, me quedé sorprendido. Mis nietos se la comieron con fresas por encima y dijeron que era la mejor tarta de queso que habían probado. Desde entonces, en los meses de calor, es la reina de mis postres.
Esta tarta se puede comer en cualquier ocasión: cumpleaños, comidas familiares, meriendas de verano o simplemente como capricho para refrescarse. Al no llevar horno, es ideal para los días de mucho calor, cuando no apetece encender el horno. Además, las fresas le dan un toque de color y frescor que la hace muy vistosa. En mi casa la llamamos "la tarta de los domingos de verano", porque la preparo el sábado y el domingo la sacamos bien fría después de comer. Los niños se pirran por las fresas, y los mayores por la textura suave del queso.
Receta Tarta de queso fría (8-10 personas)
Comensales
8-10 Personas
Preparación
30 mins
Cocinado
6 Hrs
Tiempo Total
6 Hrs 30 mins
Utensilios
Ingredientes
Para la base:
Para el relleno de queso:
Para la decoración:
Instrucciones
1
Prepara la base
Tritura las galletas hasta convertirlas en polvo fino (con un robot o dentro de una bolsa con el rodillo). Mezcla con la mantequilla derretida y el azúcar (si la usas). Remueve hasta obtener una textura de arena húmeda. Forra la base del molde con papel de horno (para poder desmoldar mejor). Vierte la mezcla de galletas y aplasta bien con los nudillos o con el fondo de un vaso, formando una capa uniforme. Mete el molde en la nevera mientras preparas el relleno.
2
Hidrata la gelatina
Pon las hojas de gelatina en un bol con agua muy fría durante 5-10 minutos, hasta que estén blandas. Si usas gelatina en polvo, espolvoréala sobre 50 ml de agua fría y deja que se hidrate 10 minutos.
3
Monta la nata
En un bol frío (si puedes, mételo antes en la nevera), monta la nata con las varillas a velocidad media hasta que esté firme (como para hacer chantillí). No te pases o se cortará. Reserva en la nevera.
4
Bate el queso
En otro bol grande, bate el queso crema con el azúcar glas y la vainilla hasta que quede una crema suave y sin grumos.
5
Derrite la gelatina
Escurre las hojas de gelatina (retira el agua) y ponlas en un cazo pequeño con 2 cucharadas de agua caliente (o en el microondas 10 segundos). Remueve hasta que se disuelvan por completo. No la hiervas. Si usas gelatina en polvo, caliéntala al baño maría hasta que se liquide.
Añade la gelatina derretida a la mezcla de queso y remueve rápidamente para que se integre antes de que empiece a cuajar.
Añade la nata montada al queso con movimientos envolventes, con cuidado de que no se baje la nata. Debe quedar una crema homogénea y aireada.
6
Vierte el relleno en el molde
Saca el molde de la nevera (con la base de galleta ya fría). Vierte la crema de queso sobre la base y alisa la superficie con la espátula. Da unos golpecitos suaves para que salgan las burbujas.
7
Refrigera
Mete el molde en la nevera, sin tapar (para que no se forme humedad), durante al menos 4 horas, mejor de un día para otro. La tarta estará firme cuando al mover el molde no se note que se mueve.
8
Prepara las fresas
Lava las fresas, sécalas bien con papel de cocina. Corta algunas en rodajas o cuartos, según cómo quieras decorar. Puedes dejar unas enteras para el centro.
Una vez que la tarta esté bien firme, desmóldala con cuidado (pasa un cuchillo caliente por el borde y abre el molde). Coloca las fresas por encima con la forma que más te guste: círculo de rodajas en el borde y fresas enteras en el centro, o un corazón, o simplemente repartidas. Si quieres darle brillo, calienta un par de cucharadas de mermelada de fresa con un poco de agua y pincela las fresas con ese almíbar.
Mantén la tarta en la nevera hasta el momento de servir. Sírvela bien fría. Acompaña con más fresas frescas o con un poco de nata montada si quieres.
Consejos Clave
El queso a temperatura ambiente, sácalo de la nevera una hora antes. Si está muy frío, costará mezclarlo y quedarán grumos.
La nata bien fría, para que monte firme, la nata y las varillas deben estar muy frías. Incluso puedes poner el bol en la nevera 15 minutos antes.
La gelatina no debe hervir, si la calientas demasiado, pierde poder de cuajado. Disuélvela justo hasta que se licue.
No mezcles en exceso la nata, cuando incorpores la nata montada al queso, hazlo con movimientos suaves, como si estuvieras plegando una masa. Si mezclas demasiado, la nata se baja y la tarta quedará más densa y menos cremosa.
Tiempo de nevera imprescindible , no tengas prisa. Si la tarta no está bien firme, se desmorona al desmoldar. Déjala de un día para otro siempre que puedas.
Las fresas, bien secas , si las pones mojadas, soltarán agua y la superficie se estropeará. Séquelas con papel de cocina antes de decorar.
Una tarta de queso sin horno con fresas que te va a salvar los días de calor. La primera vez que la hice, no estaba muy seguro de cómo quedaría sin horno, pero el resultado me sorprendió. Es cremosa, suave, y con las fresas le da un frescor que no puedes dejar de comer. Mis nietos la piden para todos los cumpleaños desde que la probaron. Lo mejor: la puedes hacer el día antes y la sacas en el momento, sin estrés.
Si te animaste a prepararla, cuéntame cómo te quedó. ¿Te gustó la textura o te pareció muy blanda? ¿Usaste fresas enteras o las trituraste para hacer una salsa? En mi casa, a veces le pongo también un poco de mermelada de fresa por encima para que brille. Y si te gustó, comparte la receta con quien creas que merece un postre fresco y fácil, de los que no necesitan horno.
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