Una montaña de pestiños caseros bañados en miel brillante y espolvoreados con semillas de sésamo blanco, servidos en un plato blanco grande. Los dulces tienen su clásica forma de masa doblada y un color dorado intenso. Al fondo, se aprecia un ambiente rústico con un cuenco de miel, palitos de canela, estrellas de anís y una naranja cortada sobre una mesa de madera oscura.

28 de marzo de 2026 //

Receta de Pestiños

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Los pestiños son el dulce de Semana Santa en mi casa. Mi madre los hacía cada año, sin fallar, y la cocina se llenaba de ese olor a aceite de oliva caliente, a ajonjolí, a miel y a vino blanco. Yo me sentaba en la mesa y veía cómo ella estiraba la masa, la cortaba en rombos, y luego los freía hasta que quedaban dorados y crujientes. El primer pestiño siempre era para mí, y aunque me quemaba los dedos, no podía esperar a que se enfriaran. Ahora, cuando se acercan las fiestas, soy yo el que los prepara, y mis nietos hacen la misma cola que yo hacía delante de mi madre.

Este dulce es típico de Semana Santa en Andalucía, Extremadura y otras regiones de España, aunque también se come en Navidad en algunos sitios. La masa se hace con harina, aceite de oliva, vino blanco, sésamo, y se aromatiza con anís o canela. Se fríen y luego se bañan en miel o azúcar. En mi casa los hacemos para el Jueves y Viernes Santo, pero la verdad es que desaparecen en un día, así que a veces los repito en cualquier domingo de invierno.

Receta de Pestiños (6-8 personas)

Comensales

Comensales

6-8 Personas

Comensales

Preparación

30m

Comensales

Cocinado

1h

Comensales

Tiempo Total

1h 30m


Utensilios

  • Un bol grande para la masa
  • Una superficie de trabajo limpia (encimera o mesa)
  • Un rodillo
  • Un cuchillo o rueda de pastelería para cortar la masa
  • Una sartén honda para freír
  • Una espumadera
  • Papel de cocina
  • Una cazuela pequeña para la miel o almíbar (opcional)
  • Una bandeja para servir

Ingredientes

Para la masa:
  • 500 g de harina de trigo
  • 100 ml de aceite de oliva virgen extra (suave, que no sea muy fuerte)
  • 100 ml de vino blanco (o anís, si te gusta el sabor más dulce)
  • 1 cucharadita de matalahúva o anís en grano (opcional, pero muy tradicional)
  • 1 cucharadita de ajonjolí (sésamo) tostado
  • La piel de 1 limón (solo la parte amarilla)
  • Una pizca de sal
Para freír:
  • Aceite de oliva suave o de girasol (abundante)
Para el baño:
  • 200 g de miel (o 250 g de azúcar con 100 ml de agua, para hacer almíbar)
  • Un poco de canela en rama (si haces almíbar)
  • Ajonjolí (sésamo) tostado para espolvorear (opcional)

Instrucciones

1

Prepara la base de aceite y vino

En un cazo pequeño, calienta el aceite de oliva con la piel de limón y la matalahúva (o anís). Cuando empiece a calentarse, apaga el fuego y deja reposar 10 minutos para que se aromatice. Cuela y desecha la piel y los granos.

2

Amasa

En el bol grande, pon la harina con la pizca de sal y el ajonjolí. Añade la mezcla de aceite aromatizado (ya templado) y el vino blanco (o anís). Mezcla primero con una cuchara, luego con las manos, hasta obtener una masa homogénea y elástica. No debe pegarse en los dedos. Si está muy seca, añade un poco más de vino; si muy pegajosa, un poco más de harina.

3

Reposa la masa

Forma una bola, cúbrela con un paño limpio y déjala reposar 30 minutos a temperatura ambiente. Esto hace que la masa se relaje y luego sea más fácil estirarla.

4

Estira y corta

Divide la masa en dos o tres porciones. Sobre una superficie enharinada, estira cada porción con el rodillo hasta que quede muy fina (unos 2-3 mm de grosor). Con la rueda o el cuchillo, corta la masa en rombos o rectángulos de unos 5-6 cm de lado. En el centro de cada pieza, haz dos cortes pequeños (sin llegar a los bordes) o un agujero, para que luego al freír no se hinchen como globos.

5

Forma los pestiños

Tradicionalmente, se doblan dos puntas del rombo hacia el centro, o se pasa una punta por el agujero para hacer un lazo. También puedes dejarlos simplemente como rombos. En mi casa los hacemos del primer modo, que quedan más bonitos.

formas pestino

6

Fríe los pestiños

Calienta abundante aceite en la sartén honda a fuego medio. Cuando esté caliente (pero sin humear), fríe los pestiños en tandas, sin amontonar. Se doran rápido, unos 30-45 segundos por cada lado, hasta que estén doraditos y crujientes. Sácalos con la espumadera y déjalos sobre papel de cocina para que absorban el exceso de aceite.

7

Baña los pestiños

Mientras se enfrían un poco, prepara la miel (caliéntala en un cazo al baño maría o en el microondas para que sea más líquida). Si usas almíbar, hierve el agua con el azúcar y la canela durante 5-6 minutos hasta que espese ligeramente. Pasa los pestiños por la miel o el almíbar, empapándolos bien, o pincélalos con un pincel de cocina. Escurre el exceso sobre una rejilla.

8

Espolvorea y sirve

Coloca los pestiños en una bandeja y espolvorea con ajonjolí tostado si quieres. Deja que se sequen un poco antes de servir. Se pueden comer templados o fríos, aguantan varios días en un bote de lata bien cerrado.

Consejos Clave

Estira la masa fina, muy fina, si la dejas gruesa, los pestiños salen duros y parecen galletas. Tienen que ser crujientes pero no rompedientes. El grosor de un par de monedas es el punto justo.

Controla el aceite, no debe humear, pero tampoco estar tibio. Si el aceite está poco caliente, los pestiños se empapan y quedan aceitosos. Si está muy caliente, se queman por fuera y quedan crudos por dentro. Prueba con un trocito de masa: cuando suba a la superficie y se dore en unos segundos, ya está.

No los frías demasiado, dorados, no oscuros. Si se pasan, saben a quemado y pierden la gracia.

La miel o el almíbar, calientes, así penetran mejor y no los remojan en exceso. Si la miel está muy espesa, caliéntala un poco antes de bañar.

Reposo de la masa, no te lo saltes. La masa necesita relajarse para que luego no se encoja al estirarla.

Variaciones, puedes aromatizar la masa con ralladura de naranja en lugar de limón, o añadir una cucharadita de canela. En mi casa, a veces los baño con miel y canela, y otras con azúcar glass nada más salir de freír, sin baño húmedo. Así salen más secos, ideales para llevar al campo.

Así que ya sabes, los pestiños son el recuerdo más dulce de mi Semana Santa. Cuando los fríes, la casa se llena de ese olor a aceite y a anís que te transporta a la infancia. No te preocupes si los primeros te salen un poco feos, que la práctica hace al maestro. En mi casa, los mejores son los que se comen calientes, recién bañados, cuando la miel aún está pegajosa y el crujido se oye en toda la cocina. Si te animaste a hacerlos, cuéntame cómo te quedaron.

¿Usaste miel o almíbar? ¿Los hiciste con anís o con vino? En mi casa hay división de opiniones, y siempre acabamos haciendo las dos versiones. Y si te gustaron, comparte la receta con quien creas que merece un pestiño casero, de los que saben a tradición.

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