
13 de febrero de 2026 //
Receta de Crema de Calabacín
Te voy a contar un secreto. A mis nietos, el calabacín no les gusta. Lo ven en la sopa y empiezan a mover la cuchara como si fuera una excavación arqueológica. Así que un día, cansado de ver cómo apartaban los trozos, cogí el calabacín, lo pelé, lo troceé y lo metí en una olla con una patata, una cebolla y un poco de caldo. Luego cogí la batidora (de esas que tanto miedo me daban al principio) y lo trituré todo hasta que quedó una crema suave, de color verde pálido. Les puse unos picatostes por encima y, para sorpresa mía, se la comieron sin rechistar. Mi nieta la llamó "sopa de dinosaurio" y desde entonces la piden por ese nombre.
No te voy a engañar, esto no es un invento mío. Dicen que se puso de moda cuando las batidoras de brazo llegaron a las casas, allá por los años sesenta o setenta. Antes, para hacer una crema fina tenías que pasar todo por el chino, que era un trabajo de chinos. Pero con la batidora, en un minuto tienes una crema sedosa que parece de restaurante. Y lo mejor: no necesitas grandes cosas. Un calabacín, una patata, una cebolla, un buen caldo (o agua, que también vale) y un poco de aceite. El calabacín es muy agradecido, porque no tiene un sabor muy fuerte y se deja querer por los niños. La patata le da cuerpo, y la cebolla, ese punto dulce.
En casa, la crema de calabacín es la cena de los días de frío. La sirvo con unos daditos de jamón, o con un chorrito de nata, o con unos picatostes que hago con pan del día anterior. Cada uno se pone lo que quiere. Mi nieto mayor le echa queso rallado, que eso mejora cualquier cosa. Y yo, a veces, le pongo un poco de pimienta negra, que le da un toque que ni te cuentas.
Receta Crema de Calabacín (4 personas)
Comensales
4 raciones
Preparación
5m
Cocinado
30m
Tiempo Total
35m
Utensilios
Ingredientes
Para decorar y servir (toppings opcionales):
Instrucciones
1
Preparar las verduras
Lava bien los calabacines. No es necesario pelarlos (la piel aporta color y nutrientes), pero si son muy grandes o tienen la piel dura, puedes pelarlos parcialmente. Córtalos en rodajas o cubos no demasiado pequeños.
Pela la patata y córtala en cubos medianos. Pela la cebolla y córtala en juliana o trozos grandes. Pela los ajos y déjalos enteros o ligeramente aplastados.
2
Rehogar (el secreto del sabor)
En la olla, calienta un chorro generoso de aceite de oliva a fuego medio. Añade la cebolla y los ajos y sofríe durante 5-7 minutos, hasta que la cebolla esté transparente y empiece a estar tierna (sin que llegue a dorarse).
Añade los calabacines y la patata. Rehoga todo junto durante 5 minutos más, removiendo de vez en cuando. Este paso potencia el sabor de las verduras y hace que la crema sea más sabrosa.
3
Cocer las verduras
Vierte el caldo de verduras caliente hasta cubrir las verduras (unos 750 ml aproximadamente). Añade una pizca de sal (con cuidado, si el caldo ya lleva sal).
Lleva a ebullición, luego baja el fuego a medio-bajo, tapa parcialmente y deja cocer durante 15-20 minutos, o hasta que las patatas y los calabacines estén muy tiernos (pincha con un cuchillo para comprobarlo).
4
Triturar (hasta obtener la textura deseada)
Retira la olla del fuego. Con una batidora de mano, tritura las verduras directamente en la olla hasta obtener una crema fina y homogénea. Si tienes una batidora de vaso, puedes pasarla en tandas para obtener una textura aún más sedosa.
Prueba y ajusta la textura: si la prefieres más líquida, añade más caldo caliente; si la quieres más espesa, puedes cocerla unos minutos más destapada para que evapore líquido.
5
Añadir los toques finales (opcional)
Si quieres una crema extra cremosa, añade ahora un chorrito de nata líquida, un poco de leche evaporada o una cucharada de queso crema. Remueve bien hasta que se integre. Vuelve a calentar un minuto, pero sin que hierva.
Prueba y rectifica de sal y pimienta blanca al gusto. Si la crema ha quedado demasiado espesa al enfriarse, puedes añadir un poco más de caldo caliente al calentarla.
6
Servir
Sirve la crema bien caliente en cuencos o platos hondos. Añade un chorrito de aceite de oliva virgen extra por encima y el topping que hayas elegido (picatostes, láminas de calabacín frito, semillas, etc.).
Consejos Clave
Rehoga las verduras antes de añadir el caldo.
Este paso es fundamental para potenciar el sabor de la crema. Si hierves las verduras directamente en el caldo sin rehogarlas, la crema resultará más sosa y con menos matices. Los 5-7 minutos de sofrito suave marcan la diferencia.
La proporción de patata es clave para la textura.
La patata es la que aporta cremosidad y cuerpo a la crema. Una proporción de 1 patata mediana por cada 3-4 calabacines suele ser la ideal. Si pones demasiada patata, la crema será muy espesa y pesada; si pones poca, quedará demasiado líquida.
No añadas el caldo en exceso desde el principio.
Es mejor quedarse un poco corto de líquido al principio y añadir más caldo caliente al final, después de triturar, para ajustar la textura deseada. Así tienes más control sobre el espesor final.
Tritura bien y, si quieres una textura profesional, cuela.
Una batidora potente es clave para una crema fina. Tritura durante al menos 2-3 minutos sin prisas. Si buscas una textura ultrasuave, de restaurante, pasa la crema por un colador fino o chino después de triturar. Aunque lleva un poco más de tiempo, el resultado es espectacular.
Juega con los toppings para darle personalidad.
La crema de calabacín es un lienzo en blanco. Unos simples picatostes, unas semillas tostadas, un chorrito de aceite de oliva o unas lascas de queso pueden transformar un plato sencillo en algo especial. No tengas miedo de experimentar.
La pimienta blanca es mejor que la negra.
La pimienta negra deja pequeños puntos oscuros en la crema que, aunque no afectan al sabor, visualmente no son tan atractivos. La pimienta blanca tiene un sabor más suave y se integra sin dejar rastro, manteniendo el color uniforme de la crema.
Si la crema te ha quedado muy líquida, tienes solución.
Si te pasaste con el caldo, no te preocupes. Puedes espesarla cociéndola destapada unos minutos más para que evapore el exceso de líquido, o añadiendo una patata cocida adicional triturada junto con la crema.
Si tienes calabacines en la nevera y no sabes qué hacer con ellos, esta crema es la solución. No te compliques con cantidades exactas: un calabacín grande, una patata mediana, media cebolla y caldo hasta que casi cubra. Se cuece todo hasta que esté tierno, se tritura, y ya está. El truco que aprendí con los años es no poner demasiada patata, que si no, queda como un puré espeso. Y si la quieres más ligera, con agua y un poco de aceite al final también funciona.
Cuando la prepares, cuéntame cómo te quedó. ¿Se la diste a los niños? ¿La tomaron bien o hicieron la prueba del arqueólogo? ¿Le echaste algún topping raro? En mi casa, el debate es si con nata o sin nata. Y si te gustó, comparte la receta con quien creas que merece una cena ligera y reconfortante. Que la sopa de dinosaurio, al final, es cosa de magia.
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