
15 de febrero de 2026 //
Receta de Croquetas de Jamón Caseras
Las croquetas son de esas cosas que no fallan. Las pones en la mesa y, antes de que te des cuenta, la bandeja está vacía. En mi casa, las de jamón son las reinas. Las de mi madre, las que hacía con las sobras del puchero, las que yo aprendí a hacer viéndola mover la cuchara de palo en la cocina de leña. No sé si sabes que esto de las croquetas, según dicen, vino de Francia. Allá por el siglo XIX ya se hablaba de croquettes, pero aquí en España les dimos la vuelta y las convertimos en un arte. Porque la clave no es el relleno, que también, sino la bechamel. Tiene que quedar cremosa, sabrosa, que se deshaga en la boca pero sin llegar a ser un pegote. Y luego el rebozado, ese crujiente que contrasta con lo suave de dentro.
Hacer croquetas en casa lleva su tiempo, no te voy a engañar. Hay que tener paciencia para remover la bechamel, para esperar a que la masa se enfríe en la nevera, para darles forma una por una. Pero cuando las pruebas recién hechas, calientes, con ese interior fundente y el jamón que se deja notar… te olvidas de las horas. En mi casa, las croquetas son sinónimo de domingo, de familia, de esos días en que la mesa se alarga y nadie tiene prisa.
Receta Croquetas de Jamón (30-35 croquetas)
Comensales
30-35 croquetas
Preparación
7h
Cocinado
20m
Tiempo Total
7h 20m
Utensilios
Ingredientes
Para la masa (bechamel de jamón):
Para el empanado y fritura:
Instrucciones
1
Preparar el jamón y la cebolla
Pica el jamón en daditos muy pequeños (casi un picadillo fino). Si la loncha es muy fina, puedes cortarla en tiras muy finas y luego picarla. Reserva.
Si usas cebolla, pícala también muy finamente (en brunoise).
2
Hacer el sofrito (opcional pero recomendado)
En la cazuela, calienta un pequeño chorro de aceite de oliva y una nuez de mantequilla. Añade la cebolla picada y sofríe a fuego medio-bajo durante 8-10 minutos, hasta que esté transparente y blandita, sin que llegue a dorarse.
Añade el jamón picado y rehoga 1-2 minutos más, para que suelte todo su aroma.
3
Elaborar la bechamel (el paso crucial)
Añade el resto de la mantequilla (si has usado cebolla, ya tendrás parte) y, cuando se derrita, incorpora la harina de una vez. Remueve enérgicamente con las varillas y cocina la harina durante 2-3 minutos para que pierda el sabor a crudo. Verás que se forma una pasta (roux) que se despega del fondo.
Comienza a verter la leche caliente poco a poco, sin dejar de remover con las varillas para evitar grumos. Puedes añadirla en 3-4 tandas, asegurándote de que cada tanda se integre por completo antes de añadir la siguiente.
Sigue removiendo constantemente hasta que la bechamel espese y se despegue fácilmente de las paredes de la cazuela. Esto puede llevar entre 10 y 15 minutos desde que añadiste toda la leche.
Sazona con nuez moscada, pimienta blanca y, con mucho cuidado, sal (el jamón ya aporta bastante). Prueba y ajusta.
4
Enfriar la masa (paso obligado)
Vierte la bechamel en una fuente o bandeja extendida (para que enfríe más rápido). Cubre con film transparente puesto en contacto directo con la superficie de la masa para que no forme costra.
Deja que temple a temperatura ambiente y luego refrigera durante un mínimo de 4-6 horas (idealmente toda la noche). La masa debe estar muy fría y firme para poder trabajar con ella.
5
Formar las croquetas
Prepara tres platos hondos: uno con harina, otro con huevo batido (con una pizca de sal) y otro con pan rallado.
Con una cuchara o con las manos ligeramente humedecidas, toma porciones de masa y dales forma de croqueta (cilíndrica, redonda, alargada... como más te guste). Intenta que todas sean más o menos del mismo tamaño para que se frían uniformemente.
Pasa cada croqueta por harina (sacudiendo el exceso), luego por huevo batido y, finalmente, por pan rallado, asegurándote de que queden bien cubiertas por todos lados.
Coloca las croquetas ya empanadas en una bandeja, separadas para que no se toquen.
6
Freír las croquetas
Calienta abundante aceite en una sartén honda a fuego medio-alto (unos 170-180°C). El aceite debe estar caliente pero no humeante.
Fríe las croquetas en pequeñas tandas (sin amontonarlas) para que no baje la temperatura del aceite. Fríe hasta que estén doradas y crujientes por todos lados.
Retíralas con una espumadera y colócalas sobre papel de cocina para absorber el exceso de aceite.
7
Servir
Sirve las croquetas calientes, recién hechas, aunque también están ricas templadas. Son el aperitivo perfecto, un entrante delicioso o un acompañamiento para cualquier comida.
Consejos Clave
La calidad del jamón importa (y mucho).
El sabor de la croqueta depende directamente del jamón que uses. Un jamón serrano o ibérico de calidad, con su punto justo de curación, marcará la diferencia. Evita usar jamón de baja calidad o demasiado seco. Córtalo a cuchillo en daditos muy pequeños; el jamón picado a mano tiene más sabor y textura que el comprado ya picado.
La leche debe estar caliente al incorporarla.
Este es el secreto para una bechamel sin grumos. Si añades la leche fría a la harina cocinada, el contraste de temperatura favorece la formación de grumos. Calienta la leche previamente (sin que hierva) y añádela poco a poco, sin dejar de remover.
Cocina la harina el tiempo suficiente.
El paso de cocinar la harina en la mantequilla (el roux) es crucial. Si no la cocinas lo suficiente (2-3 minutos), la bechamel sabrá a harina cruda. Si te pasas y la quemas, amargará la mezcla.
El punto de la bechamel: debe despegarse.
La bechamel para croquetas debe ser más espesa que una bechamel normal. El punto exacto es cuando, al pasar la cuchara por el fondo de la cazuela, esta deja un camino que se cierra lentamente, y la masa se despega fácilmente de las paredes. Si está demasiado líquida, las croquetas no mantendrán la forma.
El reposo en nevera es obligatorio, no opcional.
La masa debe enfriarse completamente durante varias horas (mínimo 4-6, idealmente toda la noche). Este reposo permite que la bechamel solidifique y sea manejable. Si intentas formar las croquetas con la masa templada, será un pegote imposible de trabajar.
El doble empanado para un acabado profesional.
Para un rebozado extra crujiente que no se rompa al freír, puedes hacer un doble empanado: después del primer pasó por huevo y pan rallado, vuelve a pasar la croqueta por huevo y pan rallado por segunda vez . Esto crea una capa protectora más gruesa.
Temperatura del aceite, clave para la fritura.
El aceite debe estar caliente pero no humeante (unos 170-180°C). Si está demasiado frío, las croquetas absorberán aceite y se abrirán; si está demasiado caliente, se dorarán por fuera y quedarán frías por dentro. Fríe en tandas pequeñas para no bajar la temperatura del aceite.
Si la masa se pega al formar las croquetas...
Moja tus manos con un poco de agua o aceite. Esto evitará que la masa fría se te pegue a los dedos y podrás darles forma más fácilmente.
Así que ya sabes, si te animas, las croquetas caseras no tienen nada que ver con las congeladas. El truco está en una bechamel bien hecha, con leche entera y buena mantequilla, y en dejarla reposar toda la noche en la nevera. Al día siguiente, las formas con las manos untadas en aceite y las rebozas con mimo. Cuando las frías, que el aceite no esté muy caliente, que si no, se queman por fuera y quedan frías por dentro.
Si las haces, cuéntame cómo te quedaron. ¿Te costó darles forma o salieron redonditas? ¿Las freíste en el momento o las congelaste para otro día? En mi casa, la guerra es por las que tienen más jamón, que nunca se pone suficiente. Y si te gustaron, comparte la receta con quien creas que merece un bocado crujiente y cremoso a la vez. Que las croquetas, al final, son eso: un abrazo en forma de bocado.
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