
9 de enero de 2026 //
Receta de Crema Catalana
Mira, la crema catalana original (que también la llaman crema quemada o crema de San José) es de esos postres que huelen a casa de la abuela, a domingo, a familia reunida. Es de Cataluña, sí, pero en mi casa la hemos hecho toda la vida. Dicen que viene de la Edad Media y que antes se preparaba para el Día de San José. Era un postre de fiesta, de los especiales.
Lo bonito de esta crema de catalana "como la llamamos cariñosamente" es cómo se presenta: esa crema tan suave, hecha con yemas de huevo, aromatizada con canela y piel de limón. Luego, justo antes de servir, le echas azúcar por encima y la quemas con la pala caliente hasta que queda esa capa crujiente que tanto nos gusta romper. ¡Ese crujido es la mejor parte!
Y no te creas, tiene su cosa. La gente la compara con la crème brûlée francesa, pero la crema catalana casera no es lo mismo. Nosotros la hacemos con leche, no con nata tan pesada. El sabor de la canela y el limón infusionados en la leche no lo tiene la francesa. Se hace en el fuego, en un cazo, removiendo con cariño. Yo la recuerdo desde pequeño, mi madre la preparaba en una cazuela de barro. Cuando llegaba el momento de quemarla, ¡qué fiesta!
Receta Crema Catalana original (4-6 raciones)
Comensales
5 - 6 raciones
Preparación
10m
Cocinado
60m
Tiempo Total
1h 10m
Utensilios
Crema catalana Ingredientes
Paso a paso
1
Infusionar la leche
En una cazuela, calienta la leche con la rama de canela y las pieles de limón y naranja.
Justo antes de que rompa a hervir, retira del fuego, tapa y deja infusionar durante 20-25 minutos para que tome todo el aroma.
2
Mezclar yemas y azúcar
En un bol grande, bate las yemas de huevo con el azúcar (100-120 g) hasta que blanqueen ligeramente. Añade la maicena y mezcla bien hasta integrarla completamente y no queden grumos.
3
Unir y cocinar la crema
Retira las pieles de cítricos y la rama de canela de la leche infusionada.
Vierte un poco de la leche caliente (no hirviendo) sobre la mezcla de yemas, batiendo enérgicamente con las varillas. Este paso, llamado "atemperar", evita que las yemas se cuajen al contacto con el calor.
Vuelca ahora toda la mezcla de yemas en la cazuela con el resto de la leche. Pon la cazuela a fuego medio-bajo y cocina, removiendo constantemente y sin parar con las varillas, hasta que la crema espese. No debe hervir. Estará lista cuando cubra el dorso de una cuchara y al pasar el dedo deje un surco limpio.
4
Enfriar y emplatar
Una vez espesa, pasa la crema por un colador fino a un recipiente limpio para asegurar una textura sedosa.
Repártela inmediatamente en cuencos o cazuelitas individuales. Deja que se temple a temperatura ambiente y luego refrigéralas, sin tapar, durante al menos 3-4 horas (o toda la noche) hasta que esté bien firme y fría.
5
El toque final: Caramelizar
Justo antes de servir, espolvorea una cucharada generosa de azúcar blanco sobre cada crema, cubriendo toda la superficie de manera uniforme.
Con un soplete de cocina, quema el azúcar moviendo la llama hasta que se forme una capa de caramelo dorado y crujiente. Sirve inmediatamente.
Tradicionalmente se decora con una hojita de menta o hierbabuena fresca, o se sirve acompañada de un barquillo o galleta crujiente.
Consejos Clave
La temperatura es crucial: Al unir la leche caliente con las yemas, asegúrate de que no esté hirviendo y remueve sin parar para obtener una crema lisa, sin grumos ni "huevo revuelto".
Paciencia con la cocción: Calienta la crema a fuego lento y con remoción constante. La paciencia garantiza una textura perfecta.
El azúcar en el último momento: Espolvorea el azúcar para caramelizar solo cuando la crema esté muy fría y justo antes de quemar. Si lo haces con antelación, el azúcar se humedecerá y no formará una costra crujiente.
¿Sin soplete? Puedes usar el grill del horno al máximo, colocando los cuencos muy cerca de la resistencia, pero vigilando de cerca para que no se queme la crema. Es menos efectivo, pero una alternativa.
Así que ya sabéis, si queréis un postre de los de siempre, de los que huelen a tradición y a hogar, la crema catalana es vuestra. Con su capa crujiente y su corazón blandito. ¡No hay más secreto que hacerla con calma y con mucho cariño!
¿Te animaste al final con la crema catalana? Anda, cuéntame por aquí abajo, en los comentarios, qué tal te salió. ¿Conseguiste ese punto tan rico de crema suavecita que se deshace en la boca con esa capa crujiente de caramelo que hay que romper con la cucharilla? ¡Ese ruidito es mi perdición!
Lo bueno de compartir estas recetas es que luego cada uno le da su toque. Unos la hacen más espesa, otros más líquida, unos la queman más, otros menos... Y todas son válidas. Porque la cocina, como siempre digo, es libertad.
Y si tienes alguna duda, pregúntame, que para eso estamos. ¡Un abrazo muy grande y a seguir cocinando con cariño!

Crecí viendo mover la cuchara de madera en pucheros humeantes, aprendiendo que las cosas buenas llevan su tiempo y que el secreto de un buen plato está en el cariño con el que se prepara.
Antonio Ruiz
Las Recetas del abuelo
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