
27 de marzo de 2026 //
Receta de Potaje de vigilia
Si hay un plato que me transporta directamente a la infancia, ese es el potaje de vigilia. Mi madre lo preparaba cada Viernes Santo, sin falta. La cocina se llenaba de ese olor a garbanzos cocinándose despacio, a espinacas, a comino y a ese bacalao desalado que ella ponía en remojo días antes. Yo me sentaba en la mesa y veía cómo movía la cuchara de palo en la cazuela de barro, mientras el potaje espesaba y burbujeaba. Luego llegaba el momento de servir, y aunque los garbanzos se peleaban por salirse del plato, yo siempre pedía más caldo para mojar pan.
Este potaje se llama "de vigilia" porque se come en los días de abstinencia de la tradición cristiana, sobre todo en Viernes Santo. Antes, la gente no podía comer carne, así que se ingeniaban platos con pescado salado, legumbres y verduras. Es un plato humilde, de cuchara, de los que alimentan el cuerpo y el alma. En mi casa lo sigo haciendo cada Semana Santa, pero la verdad es que cualquier día de frío me parece bueno para recordar a mi madre y sentarme a la mesa con un buen potaje humeante.
Receta Potaje de vigilia (6-8 personas)
Comensales
6-8 Personas
Preparación
30m
Cocinado
1h 30m
Tiempo Total
2h
Utensilios
Ingredientes
Instrucciones
1
Prepara los garbanzos
La noche antes, pon los garbanzos en remojo con agua fría y una pizca de sal. Al día siguiente, escúrrelos y ponlos en la olla con agua fresca que los cubra bien. Añade la hoja de laurel y cuece a fuego medio durante 1 hora aproximadamente, hasta que estén tiernos. Si ves que se quedan secos, añade agua caliente. No los eches a hervir con agua fría una vez empezado, que se encogen.
2
Prepara el bacalao
Si el bacalao es salado, desálalo con 24-48 horas de antelación cambiando el agua cada 8 horas. Una vez desalado, escúrrelo y trocéalo en tacos medianos. Si usas migas, desmenúzalo con cuidado.
3
Limpia las espinacas
Si son frescas, lávalas bien y quítales los tallos duros. Escáldalas en agua hirviendo un minuto, escúrrelas y pícalas gruesas. Si son congeladas, descongélalas y escúrrelas muy bien, apretando con las manos.
4
Prepara el sofrito
En la sartén pequeña, calienta un buen chorro de aceite. Pica la cebolla y el pimiento muy finos. Sofríe a fuego medio hasta que estén blanditos (unos 8-10 minutos). Añade los ajos picados y rehoga un minuto más. Incorpora el tomate rallado y cocina hasta que pierda el agua, unos 5 minutos. Retira la sartén del fuego, añade el pimentón y el comino, remueve rápido para que no se quemen, y luego vierte este sofrito en la olla de los garbanzos.
5
Majado en el mortero
Pela un diente de ajo y ponlo en el mortero con una pizca de sal. Machácalo bien y añade un poco del caldo de los garbanzos para diluirlo. Incorpóralo a la olla.
6
Cocina todo junto
Añade el bacalao troceado y las espinacas a la olla. Cuece todo junto a fuego bajo durante 20-25 minutos más, removiendo de vez en cuando con cuidado para que no se peguen los garbanzos. El potaje debe quedar espeso, con un caldo sabroso. Si ves que está muy seco, añade un poco de agua caliente.
7
Rectifica de sal
Prueba el potaje antes de echar más sal. El bacalao ya sala, así que con cuidado.
8
Reposo
Apaga el fuego y deja reposar el potaje tapado unos 10 minutos. Esto hace que los sabores se asienten.
Sirve bien caliente, en plato hondo. Si quieres, puedes añadir unos taquitos de pan frito por encima y medio huevo duro. En mi casa, nunca falta el pan aparte para mojar.
Consejos Clave
El remojo de los garbanzos no se negocia, déjalos en agua con sal la noche anterior. Si puedes, cámbiales el agua una vez. Así se ablandan mejor y no quedan duros como piedras.
Cuidado con el bacalao, si lo desalas en casa, pruébalo antes de echarlo. A veces una pieza está más salada que otra. Si te pasas con la sal, luego el potaje es incomible.
Las espinacas, bien escurridas, si no las exprimes, soltarán agua y el potaje se quedará aguado. Aprieta con las manos hasta que salga todo el líquido.
El pimentón se quema rápido, por eso lo echas fuera del fuego y remueves en seguida. Si se quema, amarga todo el potaje.
No lo hagas muy líquido, el potaje de vigilia tiene que ser espeso, de cuchara, pero no como un puré. El punto justo es cuando ves que los garbanzos nadan en un caldo untuoso.
El reposo final es importante, como todos los guisos de legumbres, gana con el reposo. Si puedes, hazlo el día antes y recaliéntalo. Está incluso mejor.
Así que ya tienes un potaje de vigilia como el de las abuelas de antes. No es un plato de los que se hacen en un santiamén, pero cuando te sientas a la mesa con un plato humeante y ese olor a comino y pimentón, te das cuenta de que merece cada minuto. En mi casa, cuando lo hago, siempre sobran las ganas y no sobra ni el caldo. Si te animaste a hacerlo, cuéntame cómo te quedó.
¿Se te pegaron los garbanzos o los vigilarste bien? ¿Le echaste huevo duro o lo dejaste más sencillo? Yo soy más de la versión clásica, pero cada casa es un mundo. Y si te gustó, comparte la receta con quien creas que merece un plato de cuchara que sabe a tradición y a recuerdos.
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