
24 de marzo de 2026 //
Receta de Dulce de membrillo casero
Cuando llega el otoño y empiezan a verse en el mercado esas frutas amarillas, tan duras, tan feas por fuera, tan olorosas por dentro, no puedo evitar acordarme de mi madre. Ella tenía su propio membrillero en el huerto, un árbol pequeño pero que cada año daba sus frutos. Cuando los cogíamos, todavía verdes, mi madre decía: "A esperar, que aún no están". Los dejaba en la despensa hasta que se ponían amarillos y empezaban a oler. Entonces sí, entonces empezaba la fiesta.
Yo la ayudaba a pelarlos, a quitarles las pepitas, a rallarlos. La cocina se llenaba de ese aroma tan dulce y tan intenso que se pegaba en la ropa. Luego venía lo de remover, que era cosa de paciencia. Mi madre decía que el membrillo se hacía con "mano de santo", que había que estar pendiente sin parar. Y cuando por fin estaba en su punto, lo vertía en los moldes, lo dejaba enfriar, y luego venía lo mejor: probarlo con un trozo de queso manchego.
Ahora, cuando el otoño llama a la puerta, yo hago mi propio dulce de membrillo. Lo reparto entre mis hijos y mis nietos, que ya saben que en octubre llega el membrillo de su abuelo. Mi nieta mayor dice que es como comer una nube de membrillo. Y yo me río, porque la nube tiene mucho trabajo detrás, pero merece la pena.
Receta Dulce de membrillo (4-5 tarros pequeños)
Comensales
4-5 tarros pequeños
Preparación
1 Hrs
Cocinado
1 Hrs
Tiempo Total
2 Hrs
Utensilios
Ingredientes
Instrucciones
1
Preparamos los membrillos
Lavamos bien los membrillos. Los pelamos con cuidado (yo guardo la piel y las pepitas porque tienen mucha pectina, que ayuda a espesar). Cortamos los membrillos en cuartos, quitamos el corazón y las pepitas (pero las reservamos). Rallamos la pulpa con el rallador grueso o la picamos en trozos muy pequeños.
2
Cocinamos la pulpa con la piel (opcional pero tradicional)
Envolvemos las pieles y las pepitas en una gasa o en un paño de tela, atándolo bien. Lo ponemos en la olla junto con la pulpa rallada. Añadimos el zumo de limón. Cocinamos a fuego medio hasta que la pulpa esté blanda, unos 20-30 minutos. Si está muy espeso, añadimos un poco de agua para que no se pegue.
3
Retiramos el paño
Sacamos la gasa con las pieles y pepitas, apretando bien para que suelten todo el jugo (ahí está la pectina que hace que el dulce cuaje).
4
Añadimos el azúcar
Incorporamos el azúcar poco a poco, removiendo con la cuchara de madera para que se disuelva. La proporción clásica es 1 parte de pulpa por 1 parte de azúcar. Si la pulpa es muy ácida, se puede poner un poco más de azúcar.
5
Cocción lenta
Cocemos a fuego muy bajo, removiendo constantemente (sin parar, que se pega enseguida). Este es el momento de la paciencia. El membrillo se va espesando poco a poco, cambiando de color, volviéndose más oscuro y brillante.
6
El punto
Cuando la cuchara de madera deja un surco en el fondo de la olla que tarda en cerrarse, o cuando al dejar caer una gota sobre un plato frío no se escurre y forma una capa firme, está listo. Si tenéis termómetro, la temperatura debe alcanzar los 105-107°C.
7
Vertemos en moldes
Forramos los moldes con papel de horno (o los engrasamos con aceite de girasol para que no se pegue). Vertemos el membrillo caliente, alisamos la superficie con una espátula. Dejamos enfriar a temperatura ambiente.
8
Reposo
Una vez frío, lo dejamos reposar en un lugar fresco y seco durante 24-48 horas. El dulce de membrillo necesita este tiempo para terminar de cuajar y poder desmoldarse sin problemas.
Una vez desmoldado, se puede envolver en papel de horno y guardar en un lugar fresco y seco. Si queremos que dure más, se puede conservar en la nevera.
Consejos Clave
El punto de madurez del membrillo: Tiene que estar bien amarillo y oler intensamente. Si está verde, no tiene suficiente pectina ni azúcar natural y el dulce no cuaja bien.
La paciencia es la clave: No dejéis la olla sola. El membrillo se pega con facilidad, y una vez quemado, el sabor amargo lo estropea todo. Removed sin parar en los últimos 30-40 minutos.
La proporción de azúcar: Si le ponéis menos azúcar, el dulce no cuaja y se queda blando. Si le ponéis más, se cristaliza y queda demasiado duro. La proporción 1:1 es la que nunca falla.
Las pieles y pepitas: No las tiréis. Tienen mucha pectina, que es la que hace que el dulce espese de forma natural. Si no queréis usarlas, podéis añadir un poco de pectina en polvo, pero no es lo mismo.
El punto de espesor: Si el membrillo está demasiado líquido al verterlo, no cuajará. Si está demasiado duro, no se podrá extender. La prueba del plato es infalible.
Un dulce de membrillo como el que mi madre hacía cada otoño en la cocina de leña. Cuando lo probéis, acordaos de ese olor a membrillo cocido que llena la casa, de esos días en que la fruta madura no se podía dejar perder y había que convertirla en algo que durara todo el año.
Ahora contadme, ¿os animasteis a hacerlo? ¿Conseguisteis que cuajara bien o se os quedó blando? ¿Usasteis las pieles y pepitas o las tirasteis? Yo las uso siempre, que mi madre decía que era pecado desperdiciar algo que te ayuda a que salga bien. ¿Lo servís con queso manchego o tenéis otra manera de comerlo? En mi casa, un trozo de membrillo con un buen queso manchego curado es la merienda de los dioses.
Dejadme un comentario contando vuestra experiencia, vuestros trucos, vuestras fotos si queréis. Y si la receta os gustó, compartidla con quien creáis que merece un poco de otoño en conserva.
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