
19 de marzo de 2026 //
Receta de Buñuelos de calabaza
Cuando llega el otoño y empiezan a verse calabazas en el mercado, no puedo evitar acordarme de mi madre. Ella los hacía los días de lluvia, cuando no se podía salir al campo y la cocina se convertía en el centro de la casa. Cogía la calabaza que mi padre había traído de la huerta, la cocía, la mezclaba con harina, huevos, un poco de azúcar y canela, y luego freía esas bolitas que se hinchaban en la sartén como si tuvieran vida propia. Nosotros, los críos, nos sentábamos alrededor esperando a que se enfriaran un poco, y aunque nos quemábamos los dedos, no podíamos parar de comer.
Con los años, yo he seguido haciendo estos buñuelos, sobre todo cuando vienen los nietos. Les encanta ver cómo la masa se transforma en esas bolitas doradas que luego espolvoreamos con azúcar y canela. Mi nieta pequeña dice que parecen nubes fritas. Y yo me río, porque tiene razón: son ligeras, esponjosas, con ese sabor a calabaza que apenas se nota pero que está ahí, como un recuerdo.
Lo mejor de esta receta es que es de las de antes, de las que se hacen con lo que tienes en casa. La calabaza, que aguanta bien; la harina, los huevos, el azúcar… Con eso y un poco de paciencia, tienes un dulce que huele a otoño, a hogar, a esos días en que la merienda se convierte en fiesta.
Receta Buñuelos de calabaza (4-6 personas)
Comensales
4-6 personas
Preparación
20m
Cocinado
40m
Tiempo Total
1h
Utensilios
Ingredientes
Instrucciones
1
Preparamos la calabaza
Pelamos la calabaza, quitamos las pepitas y la cortamos en dados. La ponemos en una olla con agua y una pizca de sal. Cocemos a fuego medio hasta que esté tierna (unos 15-20 minutos). La escurrimos muy bien, la dejamos enfriar un poco y luego la hacemos puré con un tenedor o un prensa patatas. Es importante que quede un puré seco; si tiene mucho líquido, lo dejamos escurrir unos minutos en un colador.
2
Preparamos la masa
En el bol grande, ponemos el puré de calabaza, los huevos, el azúcar, la canela, la sal y la ralladura de limón si usamos. Batimos bien con las varillas hasta que esté todo integrado.
Tamizamos la harina con la levadura y la incorporamos poco a poco a la mezcla, removiendo con una cuchara de madera hasta obtener una masa homogénea. La textura debe ser densa pero manejable, como una papilla espesa. Si la ves muy líquida, añade un poco más de harina; si muy espesa, un chorrito de leche.
3
Reposo
Tapamos el bol con un paño y dejamos reposar la masa en la nevera al menos 30 minutos. Esto hace que los buñuelos salgan más esponjosos.
4
Preparamos el aceite
En la sartén honda, calentamos abundante aceite a fuego medio-alto. No tiene que humear, pero debe estar bien caliente (unos 170-180°C). Para comprobarlo, echamos un poco de masa: si sube enseguida a la superficie y se dora sin quemarse, está listo.
5
Freímos los buñuelos
Cogemos pequeñas porciones de masa con una cuchara (yo uso dos cucharas, una para tomar la masa y otra para empujarla al aceite). Las dejamos caer con cuidado en el aceite caliente. No amontonemos, mejor en tandas. Los freímos hasta que estén dorados por todos lados, dándoles la vuelta con la espumadera cuando se doren por un lado. Tardan unos 2-3 minutos por tanda.
6
Escurrimos y rebozamos
Los sacamos con la espumadera y los dejamos sobre papel de cocina para que absorban el exceso de aceite. Luego, todavía calientes, los pasamos por un plato con azúcar y canela mezclados, rebozándolos bien.
Los buñuelos se comen templados o calientes, recién hechos. En mi casa los servimos en una fuente grande y duran lo que dura un suspiro.
Consejos Clave
La calabaza bien escurrida: Este es el truco principal. Si la calabaza tiene mucha agua, la masa se queda líquida y los buñuelos absorben aceite. Escúrrela bien, incluso déjala reposar en el colador un rato antes de hacer el puré.
La masa debe reposar: No te saltes el reposo en nevera. La masa se asienta, la harina se hidrata y luego los buñuelos salen más esponjosos.
Aceite a la temperatura justa: Si está muy caliente, se queman por fuera y quedan crudos por dentro. Si está frío, se empapan de aceite. La prueba del trocito de masa es infalible.
No hagas buñuelos muy grandes: Con una cucharada de las de café es suficiente. Si son muy grandes, cuesta que se hagan bien por dentro.
El azúcar y canela: Reboza los buñuelos cuando aún están calientes, así el azúcar se pega bien. Si los dejas enfriar, cuesta más.
Unos buñuelos de calabaza como los que mi madre hacía en los otoños de mi infancia. Cuando los probéis, cerrad los ojos y seguro que os transportáis a vuestros recuerdos, a esas meriendas en familia donde lo importante no era el postre, sino estar juntos.
Ahora contadme, ¿os animasteis a hacerlos? ¿Conseguisteis que la masa quedara en su punto o tuvisteis que rectificar? ¿Los rebozasteis con azúcar y canela o los dejasteis naturales? Yo a veces les pongo un poco de miel por encima, que también están de muerte. Y cuidado, que son peligrosos: nunca salen suficientes.
Dejadme un comentario contando vuestra experiencia, vuestros trucos, vuestras fotos si queréis. Y si la receta os gustó, compartidla con quien creáis que merece un bocado de otoño frito.
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